INTRODUCCIÓN
La salud digital abarca el conjunto de tecnologías de la información y la comunicación que se emplean en el entorno sanitario. En el año 2001, Eysenbach1 publicó un artículo en el que se incluye la definición del término e-health (e-salud en español) y en 2015 la Cochrane hace referencia al concepto de telemedicina2. El interés por este tema se ha visto reflejado en el incremento exponencial durante los últimos años en el número de publicaciones relacionadas con ambos términos.
Sin embargo, el desarrollo tecnológico en los servicios de salud ha sido desigual en las comunidades autónomas y la comunicación entre los niveles de atención (AP y atención hospitalaria) es un reto aún no resuelto en muchas zonas. Hay evidencia de que la adecuación en la coordinación y la comunicación interprofesional mejora la calidad de atención al paciente crónico, como se ha observado en algunas experiencias en prevención cardiovascular3. El cambio de un modelo de interconsulta sin interacción entre profesionales por otro en el que el consultor se desplaza al centro de salud e interactúa con el médico de familia mejora la coordinación y la satisfacción de los profesionales4. Por tanto, la comunicación y las herramientas para establecerla son elementos de interés para los propios profesionales y para la integración de los servicios sanitarios.
La adecuada comunicación con el paciente es también un desafío para los profesionales de la salud, tanto en el ámbito de AP como en el de la atención hospitalaria. La revolución digital ha permitido que el 79,5% de los hogares tengan, al menos, un miembro de 16-74 años con algún tipo de ordenador y el 86,4% con acceso a internet5. Y por ello se han desarrollado experiencias de comunicación entre profesionales y pacientes mediante tecnologías habituales como WhatsApp Messenger, correo electrónico y redes sociales6,7, que facilitan que los pacientes busquen información relacionada con su salud. Otros sistemas más desarrollados permiten la recepción de imágenes, informes u otros documentos que facilitan el poder ser analizados de forma remota, destacando la utilización de la telemedicina en áreas como la teledermatología8 o la valoración de retinopatía9. También existen experiencias de uso de sistemas inteligentes en otras especialidades, como salud mental10.
Por otra parte, respecto al grado de satisfacción de los facultativos y usuarios, se realizó un estudio11 que concluía que, mientras los sistemas sigan generando fallos y desconfianza, no podrán asumirse como alternativa al modelo tradicional, ya que se necesita la simplificación de tareas burocráticas.
La actual situación ha determinado la utilización de la consulta telefónica a demanda como paso previo a la atención presencial en AP, aunque no disponemos de datos suficientes para conocer su repercusión en la carga de trabajo de la médica o médico de familia. Los resultados de una revisión sistemática previa12 no fueron concluyentes para determinar si la consulta telefónica reducía la actividad asistencial, pues en algunos casos se observó un incremento significativo de las visitas a AP por aumento de consultas diferidas.
A pesar del creciente incremento de artículos relacionados con las tecnologías de la comunicación, son pocos los estudios sobre las opiniones de los principales actores implicados en los programas de e-salud13 y los que muestran la situación tecnológica actual en AP de cada uno de los sistemas de salud de las 17 comunidades de España desde la perspectiva de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria. Por tanto, el objetivo de este estudio es describir la situación, percepciones y opiniones del conjunto de profesionales sanitarios de AP respecto a los sistemas de telecomunicación y telemedicina utilizados en este ámbito, así como determinar su grado de satisfacción.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio descriptivo observacional de carácter transversal, incluyendo a profesionales sanitarios de AP (médicos y médicas de familia, residentes de Medicina Familiar y Comunitaria y personal de enfermería) de todo el territorio nacional. Fueron invitados mediante correo electrónico 1.215 profesionales colaboradores habituales de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) (coordinadores de grupos de trabajo y programas, miembros de juntas directivas y otros colaboradores en actividades formativas). También se difundió el cuestionario a través de las redes sociales de la semFYC y de cada una de las sociedades federadas que la componen. El tamaño muestral fue calculado, aceptando un riesgo alfa del 0,05 y un riesgo beta del 0,10, asumiendo una proporción esperada de sujetos que disponen de algún tipo de sistema de comunicación o informático entre profesionales o con sus pacientes del 50% (situación más desfavorable). Considerando una previsión de no respuestas del 10%, el tamaño calculado fue de 423 sujetos, incluyendo finalmente 509 participantes. El estudio se realizó entre noviembre de 2020 y enero de 2021. La difusión a través de redes sociales impide disponer de una tasa de participación por la ausencia del dato de población accesible.
Para mantener la confidencialidad del paciente se siguieron las recomendaciones de la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre sobre Protección de Datos Personales. Todos los participantes fueron identificados mediante un código, conocido únicamente por los investigadores. Los procedimientos de aplicación y el estudio fueron aprobados por el Comité Ético de Investigación de Huelva.
Los datos fueron recogidos en un cuestionario online precodificado que los participantes autocumplimentaron de forma anónima. Este cuestionario fue elaborado específicamente para este estudio y se incluyeron las siguientes variables:
- Características de los participantes (edad y sexo).
- Características laborales: ámbito, área de salud, servicio sanitario, relación contractual, tiempo de ejercicio.
- Desarrollo informático: historia clínica y comunicación entre profesionales y con pacientes.
- Sistemas de información: codificación diagnóstica y manejo de datos estadísticos.
- Accesibilidad telemática y seguridad para pacientes.
- Grado de satisfacción de los profesionales respecto al grado de desarrollo informático en los siguientes aspectos:
- En su comunidad autónoma.
- En su área de salud.
- Respecto a la historia clínica digital.
- En AP.
- En la relación/conexión AP-atención hospitalaria.
- En la relación/conexión entre pacientes-AP.
Para determinar el grado de satisfacción, cada respuesta sobre esos aspectos se indicó con una puntuación que osciló entre 1 y 5, en la que la puntuación 1 correspondía a «muy insatisfecho» y la puntuación 5 a «muy satisfecho», transformando una variable ordinal en cuantitativa. Para cuantificar la «satisfacción global con los sistemas informáticos», se elaboró un índice de satisfacción global a partir de las seis preguntas sobre satisfacción en los seis aspectos sobre el grado de desarrollo informático. La puntuación global de satisfacción osciló entre 6 y 30.
Respecto al análisis estadístico, se hizo un análisis descriptivo que incluyó proporciones, medidas de tendencia central y medidas de dispersión, según la naturaleza de las variables (variables cuantitativas expresadas mediante media y desviación típica y cualitativas como porcentaje). Estudiamos la asociación entre variables mediante pruebas de independencia para comparar proporciones (chi-cuadrado). Para comprobar si había diferencias respecto a la satisfacción entre grupos de sujetos, se utilizaron pruebas de comparación de proporciones (ji al cuadrado) y medias (prueba t de Student y U de Mann-Whitney). Se estableció un IC del 95% para todos los intervalos de confianza y un nivel de significación < 0,05 para los contrastes de hipótesis. Para estudiar la relación de las variables independientes con la satisfacción global en todos los aspectos y ámbitos (puntuación del índice de satisfacción global), se construyó un modelo de regresión lineal múltiple, permitiendo realizar un ajuste estadístico y la obtención de los coeficientes de regresión de esas variables. El tratamiento estadístico de los datos se hizo mediante el programa SPSS versión 25.0.
RESULTADOS
El 53,7% de los participantes eran > 50 años, el 63,9% mujeres y el 77,2% desempeñaba su actividad laboral en un centro de salud. La comunidad autónoma con mayor participación fue Andalucía (18,7%), seguida por la Comunidad Valenciana (16,3%), Castilla y León (11,6%) y Asturias (10,8%). Las provincias con mayor representación fueron Asturias (10,8%), Sevilla (10,6%) y Valencia (9,4%). En la tabla 1 se muestran las características de los participantes en función del sexo.
Respecto a la historia clínica compartida entre AP y atención hospitalaria, un 89,2% (IC 95%: 86,4-92,0) respondió que comparten informes de alta tras ingreso hospitalario; un 87,2% (IC 95%: 84,2-90,2), informes de urgencias hospitalarias; un 58,5% (IC 95%: 54,2-62,9), informes de urgencias extrahospitalarias, y un 61,1% (IC 95%: 56,8-65,4) dijeron poder visualizar la evolución del paciente durante un ingreso. El 86,8% (IC 95%: 83,8-89,9) manifestó compartir la solicitud de analítica y la visualización de resultados y el 85,9% (IC 95%:82,7-89,0) dijo que podía compartir y visualizar las pruebas radiológicas. El acceso a la historia de AP es posible en un 80,2% de casos desde el hospital; en un 78,2%, desde urgencias hospitalarias, y en un 67,8%, desde urgencias extrahospitalarias. La distribución de la accesibilidad entre ámbitos asistenciales a la historia clínica por comunidades autónomas se muestra en la tabla 2. El 95,1% de participantes señaló disponer de la posibilidad de realizar teleconsulta con especialidades hospitalarias, siendo esta opción por vía online en un 74,7%; por teléfono, en un 47%; por correo electrónico, en un 29,9%, y por videollamada, en un 5,1%. Un 48,5% indicó que era posible compartir información clínica con pautas de actuación con todas las especialidades hospitalarias, un 23,8% solo podía hacerlo con algunas y un 27,7% señaló que no se compartía. El 68,2% dispone de conexiones corporativas con otros servicios como Inspección Médica o Salud Pública.
En cuanto a la comunicación telemática con el paciente, la forma más frecuente fue a través del teléfono (91,4%; IC 95%: 88,8-93,9), seguida del correo electrónico (50,9%; IC 95%: 46,4-55,3) y APP corporativa (16,7%; IC 95%: 13,4-20,0), y la menos frecuente fue la videollamada (11,2%, IC 95%: 8,4-14,0). No se observaron diferencias entre ámbito rural y urbano.
Respecto a la existencia de alertas sobre la recepción de informes urgentes para medicina y enfermería, el 38,9% manifestó que no existía este sistema; un 32% dijo que existía para analíticas anómalas; un 35,6%, señaló que lo había para informes de urgencias; un 43,4%, para altas hospitalarias; un 3,9%, para tratamientos dispensados desde hospital, y un 7,1%, para la incorporación de medicamentos a la receta electrónica por parte de especialista hospitalario. Un 31,2% indicó que existía algún sistema de recordatorio para pacientes crónicos, siendo para analíticas en un 13% de casos, un 15,1% para revisión de pacientes polimedicados, un 13,2% para pacientes crónicos de enfermería, un 11,2% podía configurar un sistema de alerta y un 1,8% tenía otro tipo de alertas. En la tabla 3 se presenta la situación respecto a alertas por comunidades autónomas.
Manifestaron disponer de la posibilidad de realizar teletrabajo mediante acceso remoto el 63,9% (IC 95%: 59,6-68,1) de participantes, sin diferencias entre ámbito urbano y rural ni entre trabajar en un centro de salud o hacerlo en un lugar distinto del centro de salud.
Respecto a los sistemas de codificación, la CIE-10 es la codificación más utilizada tanto para los diagnósticos de AP (57,4%, IC 95%: 53,0-61,8) como para incapacidad temporal (70,9%; IC 95%: 66,9-75,0) y diagnóstico en hospital (70,1%; IC 95%: 66,1-74,2). La distribución de sistemas de codificación de enfermedades por comunidades autónomas se muestra en la tabla 4.
Continuando con los sistemas de información, un 34,4% manifestó poder extraer datos sobre indicadores clínicos de forma autónoma desde el propio servidor; un 56,6%, mediante solicitud a sistemas centralizados, y un 9,6%, de otra forma. El 38,9% de entrevistados refirió que les era posible extraer datos de enfermería de un cuadro propio; el 23,8%, de un cuadro compartido con medicina, y el 37,3% no tenía cuadro propio.
Por otra parte, respecto a la accesibilidad telemática para pacientes, esta es posible, según el 73,3% de participantes, y consiste en acceso a informes clínicos en el 59,1% de casos y a pruebas diagnósticas en el 57,0%. El 92,3% de entrevistados afirma que es posible la comunicación por parte del paciente con su especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, y el 88,8% con enfermería, siendo el teléfono la forma más frecuente en ambos casos (89,0% y 85,1%, respectivamente).
En el ámbito de seguridad de pacientes, los participantes consideran que las demandas adecuadas para una consulta telemática son: la comunicación de resultados de pruebas complementarias con resultado normal (92,5%), la comunicación de pruebas con resultado alterado (56,4%), comunicación del resultado de una interconsulta virtual con otro especialista (81,3%), la revisión de tratamiento crónico y renovación de receta electrónica (91,4%) y la primera evaluación tras alta hospitalaria (65,6%).
Para mejorar la calidad y seguridad de la consulta telefónica, el 8,6% consideró que se podría lograr mediante la grabación de la conclusión de la entrevista, el 76,4% dijo que haciendo un resumen con el paciente al final y anotando el acuerdo en la historia, y el 3,1% apuntó otras formas de hacerlo, mientras que el 11,8% señaló que no hay tiempo para el registro de lo acordado en la consulta telefónica.
Respecto a los cambios tras el inicio de la pandemia en las vías de comunicación, recursos telemáticos y opción de teletrabajo, el 34,8% indicó que no había ninguna mejora en general en las vías de comunicación y el 51,7% señaló que no la había en los recursos tecnológicos en general. No se observaron diferencias en las mejoras entre ámbito rural y urbano, aunque el porcentaje que opinó que había mejorado la comunicación telemática con el paciente fue superior en ámbito rural y muy próximo a la significación estadística. En la tabla 5 se muestran los porcentajes de participantes que opinan que ha existido alguna mejora con la pandemia respecto diferentes aspectos de las vías de comunicación, recursos telemáticos y opción de teletrabajo en función del ámbito de trabajo urbano o rural.
En cuanto a la satisfacción de los participantes, el 13,0% manifestó estar muy insatisfecho y el 27,3% insatisfecho con el nivel de desarrollo informático en sistemas de telemedicina y telecomunicación en la AP de su área sanitaria, indicando el 7,3% y 19,8% estar muy insatisfecho e insatisfecho, respectivamente, con ese desarrollo en su área sanitaria, en general. En la tabla 6 se presenta el grado de satisfacción de los participantes respecto al desarrollo informático expresado en cada uno de los aspectos preguntados.
Para valorar la satisfacción global con los sistemas informáticos, se puntuaron las respuestas a las preguntas sobre satisfacción de la tabla 6. El rango de puntuación fue de 6 a 30, con una puntuación media de 16,22 (desviación estándar [DE]: 5,07). Mediante test no paramétricos, se comprobó una puntuación significativamente superior (p < 0,05) en mujeres (16,6 frente a 15,5). Las variables asociadas, mediante regresión lineal múltiple, a mayor índice de satisfacción global con el nivel de desarrollo informático en sistemas de telemedicina y telecomunicación fueron: disponer de la posibilidad de comunicación del paciente con su especialista en Medicina Familiar y Comunitaria por correo electrónico, considerar adecuada la comunicación telemática para pruebas diagnósticas normales, disponer de aumento de líneas telefónicas con la pandemia, haber aumentado los dispositivos móviles con la pandemia, disponer de la posibilidad de videoconferencia con pacientes con la pandemia, disponer de la posibilidad de videoconferencia con otras especialidades con la pandemia y poder realizar teletrabajo tras el estado de alarma (tabla 7).
DISCUSIÓN
La posibilidad de disponer de tecnologías de la información y la comunicación ha permitido un incremento del acceso de usuarios y sanitarios a la información y comunicación relacionada con la salud14. Actualmente, parece imposible separar la tecnología de la medicina, sin embargo, hemos observado que su grado de implementación no permite una total accesibilidad a la información entre los diferentes ámbitos sanitarios y entre sanitarios y usuarios. Nuestros resultados muestran una variabilidad entre comunidades autónomas respecto al desarrollo informático, sistemas de codificación y accesibilidad telemática. De forma coincidente con los datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad15, hemos comprobado que la historia clínica compartida es una realidad en las comunidades autónomas. Sin embargo, esta interoperabilidad existe en la mayor parte de nuestro territorio entre AP y atención hospitalaria, mientras que resulta sorprendente que ocurra solo en poco más de la mitad de los casos con los servicios de urgencias extrahospitalarios. A pesar de que la informatización de los servicios de urgencias y emergencias mejora la asistencia incrementando la seguridad de la información16, hemos observado que solo la mitad de los encuestados tiene acceso a esta información, exceptuando a Andalucía y Cantabria que indican disponer de la información cuatro de cada cinco encuestados. No visualizar las asistencias de pacientes en urgencias tanto hospitalarias como extrahospitalarias provoca un déficit en la historia clínica del paciente que puede tener relevancia en cuestiones de seguridad.
Los diferentes colectivos implicados en los servicios sanitarios pueden obtener utilidades y beneficios diferentes con la implementación de las tecnologías sanitarias, por tanto, los objetivos no son los mismos para los profesionales sanitarios que para usuarios o responsables de gestión17,18. Para los profesionales, un aspecto de interés es el acceso a las imágenes digitales15, que, según nuestros datos, se puede lograr en la mayor parte de los casos mediante la visualización de las pruebas radiológicas solicitadas en otros ámbitos asistenciales. También existe la opción de realizar interconsultas entre diferentes especialistas según la práctica totalidad de los entrevistados, utilizando principalmente el correo electrónico o la vía telefónica. Algunos estudios ya han valorado que los programas de consultas telefónicas entre especialistas médicos facilitan la atención del paciente y pueden evitar descompensaciones agudas19. Parece necesario el desarrollo de herramientas que puedan diversificar estas vías de comunicación y que aporten carácter asíncrono y datos básicos de salud de la persona objeto de la consulta, ya que la atención compartida no es una realidad. Asimismo, se observa que menos del 50% de las personas entrevistadas comparte pautas de actuación con especialidades hospitalarias, lo que puede significar que, al hacer una teleconsulta a otro nivel asistencial, la atención pasa a corresponder al hospital o continúa en AP, pero no se crean espacios de reflexión para compartir no solo la información, sino los aspectos relacionados con la terapéutica global del paciente. Además, más de la mitad de los encuestados han manifestado contar con conexión telemática con otros servicios como inspección médica y salud pública, tan cruciales durante la pandemia de la COVID-19.
Por otra parte, la petición de cita está concebida para facilitar el acceso de los usuarios15, sin embargo, es posible que estos consideren también de interés disponer de otras opciones de contacto con su médico de familia y de acceso a informes clínicos y a pruebas diagnósticas. Aunque se está promoviendo el acceso del paciente a su historia clínica electrónica, existe todavía mucha incertidumbre sobre el verdadero impacto sobre la salud, satisfacción y uso del sistema sanitario20. De otro modo, también numerosos estudios han valorado la implantación de la consulta telemática y la satisfacción de los pacientes21,22.
Hemos observado que esta accesibilidad telemática es posible en una mayoría de casos, aunque es muy superior la facilidad de contacto con el paciente por parte del facultativo, utilizando principalmente el teléfono o el correo electrónico. Sin embargo, aunque los nuevos canales de acceso en línea a la AP son apreciados por su capacidad fundamentalmente para generar más oportunidades, no se ha comprobado que su utilización mejore sustancialmente la relación con el paciente23. Comprobamos que la forma de comunicación principal es la vía telefónica y en menor medida el correo electrónico, aunque la población vive conectada a la red, pues, según el último estudio publicado en España sobre uso de redes sociales, hasta el 87% de la población encuestada las usa24 y existen datos que indican que cada vez es mayor el número de españoles que acceden a internet25. Posiblemente, esto indica que es necesario un avance y modernización de la oferta de comunicación con el usuario por parte de los sistemas públicos de salud. Esta ampliación de la oferta de comunicación telemática se debe consensuar entre gestores, sanitarios y usuarios, pues los pacientes valoran positivamente las consultas por medios como el correo electrónico, aunque los médicos no opinan lo mismo26.
La Estrategia Global de Salud Digital (2020-2025) de la Organización Mundial de la Salud tiene como visión mejorar la salud de las personas mediante la incorporación de soluciones digitales, estableciendo como principales objetivos estratégicos, entre otros, involucrar y comprometer la participación de todos los grupos de interés y mejorar la medición, seguimiento, investigación y práctica en salud digital27. Sin embargo, los datos de nuestro estudio muestran que existe un amplio margen de mejora respecto a los diferentes sistemas de alerta sobre la recepción de informes y cambios de tratamiento de otros especialistas, así como de recordatorios de control de pacientes crónicos respecto a su seguimiento y la revisión de tratamiento. Esto puede implicar la pérdida de una oportunidad para alcanzar un sistema de atención organizado en el que todas las necesidades del paciente sobre prevención y seguimiento de sus enfermedades se aborde de forma concentrada en el menor número de visitas, evitando una atención de la población de forma innecesariamente fragmentada tanto en prevención como en seguimiento de las enfermedades crónicas28. Tampoco contribuye a facilitar la medición de resultados en salud la heterogeneidad entre comunidades de los sistemas de información. Hemos comprobado que existen más de tres sistemas de codificación tanto en AP como en atención hospitalaria, predominando la CIE10, especialmente en la segunda.
En relación con la disponibilidad de información de indicadores clínicos que permitan al médico y médica de familia valorar su propia gestión parece que más del 50% tiene que solicitar los datos porque no se tiene acceso de forma automatizada. Además, el acceso a los profesionales de enfermería es aún menor. Si no hay alertas en la historia clínica digital y, además, el equipo de AP no dispone de datos globales de su cupo de pacientes la satisfacción del profesional disminuye. Las quejas frecuentes sobre la sobrecarga de registros de los profesionales podrían disminuir si la información fuera más accesible y se explicarán los beneficios29.
Respecto a la accesibilidad telemática de los pacientes, el desarrollo tecnológico ha permitido que casi el 75% pueda tener acceso a su propia historia clínica y el contacto telefónico es tanto con su especialista en Medicina Familiar como con su enfermera o enfermero. Asimismo, otro aspecto relevante para los pacientes es su seguridad, opinando los encuestados que puede ser adecuada la comunicación de resultados de pruebas, sobre todo normales, y revisiones de tratamientos crónicos o altas hospitalarias. Posiblemente, los cambios organizativos en la asistencia impuestos por la pandemia han permitido reflexionar sobre la ausencia de riesgos de la consulta telefónica, apoyando afirmaciones de publicaciones previas en las que se afirma que la consulta bien gestionada no tiene mayor riesgo que otro tipo de consulta como la presencial y que la teleconsulta puede disminuir la utilización de los servicios médicos sin llegar a influir de forma negativa en la seguridad del paciente30.
La pandemia por COVID-19 ha provocado cambios en el sector sanitario tanto en la estructura como en los recursos asistenciales y en los propios usuarios31. Las medidas de prevención del contagio han ocasionado un cambio en el tipo de atención prestada en todos los ámbitos, incrementado el uso de la tecnología. Aunque existen experiencias previas que han mostrado las ventajas de la utilización de la telemedicina32,33, nuestros resultados ponen de manifiesto que no se ha aprovechado la oportunidad de cambio, pues la percepción general de especialistas en Medicina Familiar es que ha habido poca mejora en las tecnologías para la comunicación e información y tampoco ha habido aumento de recursos. Son necesarios estudios sobre resultados en salud de la adecuada utilización de la tecnología en la atención a pacientes y la posible repercusión en un cambio organizativo de la atención global a las personas usuarias, especialmente en AP34.
También la pandemia por COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de realizar teletrabajo en muchos ámbitos y profesiones. Sin embargo, se ha observado que no existe la opción de teletrabajar en todo el territorio nacional. No hemos entrado en la valoración de la vulnerabilidad de los profesionales ni de las características de los puestos de trabajo que deberían desempeñar, pero llama la atención que los sistemas no estén preparados para este ámbito de forma universal.
En concordancia con lo anterior, nuestros resultados muestran que el grado de satisfacción respecto al desarrollo tecnológico es claramente mejorable. Se han identificado como variables relacionadas con una mayor satisfacción con el desarrollo informático la disponibilidad de comunicación del paciente con su médica o médico de familia, la posibilidad de tener una adecuada comunicación telemática para pruebas diagnósticas normales, el incremento de los dispositivos móviles, contar con la opción de utilizar la videoconferencia con pacientes y otras especialidades, así como tener la posibilidad de teletrabajar tras la declaración del estado de alarma. Por tanto, estas podrían ser algunas claves para aumentar la satisfacción de los profesionales respecto al desarrollo tecnológico y que desaparezca el escepticismo que encontramos en algunos estudios33.
Respecto a las posibles limitaciones del estudio, la participación voluntaria en la respuesta puede haber ocasionado que aquellos más proclives a las tecnologías hubieran respondido en mayor proporción, introduciendo un sesgo involuntario. Igualmente, debemos tener en cuenta que los resultados proceden de un cuestionario autocumplimentado y, por tanto, su validez depende de la veracidad de las respuestas, aunque se intentó facilitar esta asegurando el anonimato de la persona encuestada. También debemos considerar la ausencia de una tasa de respuesta, pues se amplió la invitación para participar a través de las redes sociales, aunque sí se alcanzó el tamaño muestral previsto.
En conclusión, no hay uniformidad en el desarrollo de los sistemas relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación en AP, y esto puede hacer que la satisfacción global sea menor tanto con la atención compartida con especialistas hospitalarios como con la propia comunicación con el paciente. La interconexión a través de medios digitales como las videoconferencias aumentan la satisfacción profesional al permitir una relación visual y con carácter síncrono. Sería aconsejable el mayor desarrollo de la historia clínica digital, pero teniendo en cuenta la experiencia y opinión tanto de los profesionales sanitarios como de los propios pacientes.
AGRADECIMIENTOS
A la Junta Directiva de la semFYC por el apoyo mostrado para la realización de este estudio y por convertirse en promotora de este estudio. A las sociedades federadas que han colaborado en la difusión y realización del estudio. A cada especialista en Medicina Familiar que ha participado.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.